La Asociación Uruguaya de Guardaparques es una Asociación Civil sin fines de lucro que busca nuclear a todos los guardaparques del país, procurando el desarrollo de la profesión, la mejoría de las condiciones laborales y la colaboración con las áreas protegidas

miércoles, 27 de octubre de 2010

Visitando colegas en África Ecuatorial

Luego fui a conocer el Parque Nacional Monte Elgon. Las laderas de la montaña están cubiertas de espeso bosque montano de altos árboles. Allí fue que vi por primera vez a los hermosos colobos guereza, quizás el más hermoso mono que existe, los vería muchas veces mas, sobretodo en Uganda.
En la ladera del Monte Elgon me llevaron a ver la cueva donde entran búfalos, antílopes y elefantes para comer minerales que extraen de sus paredes.
Las paredes de la cueva están marcadas por múltiples rayones producidos por los colmillos de los elefantes durante miles de años. Es impresionante atestiguar (mediante la abundante bosta y los mencionados rayones) como los elefantes se introducen mas de cien metros dentro de la cueva, alcanzando sitios situados en la oscuridad absoluta y que parecen inaccesibles para ellos.
Justo antes de entrar nosotros a la cueva salió espantado de su interior un antílope bushback.
El último Parque Nacional de Kenia que visité acompañado de guardaparques fue South Turkana. Esta visita constituyó una muy inusitada experiencia porque la provincia Turkana es semiárida, apartada y muy poco habitada.
Estando allí, al pasar por un poblado noté que algunas de las mujeres vestían telas básicamente rojas, tenían el cuello totalmente cubierto por collares, muchos de ellos metálicos, usaban largas caravanas que les deformaban las orejas y también tenían muchas tobilleras. Eran mujeres de la tribu Turkana. Noté que con el mismo disimulo con que yo las miraba a ellas, ellas me miraban a mí. Se acercaron algunos chicos pastores, algún anciano, varios niños y luego se agregaron algunas de estas muy adornadas mujeres. Al tenerlos al lado, vi que varones y mujeres tenían abundantes cicatrices ornamentales en los hombros.
Sus miradas eran únicas, demostraban curiosidad, pero a la vez algo de recelo. Extendí mi mano por si querían mas acercamiento. Una mujer se animó a tocarla y la retiró enseguida gesticulando y haciendo comentarios a las que nos miraban de lejos. Otras y otros se animaron a tocar mi mano, pero la mayoría la retiró de inmediato: me dijo un colega que yo era el primer blanco que tocaban y uno de los primeros que veían.
Al caer la noche al lado de donde dormiríamos comencé a ver pares de ojos de pequeños animales. Me acerqué despacito con mi linterna y comencé a ver que esos animales del tamaño de liebres se movían con mucha gracia. Mi sorpresa fue enorme cuando vi que esos seres, de los que había cinco, eran los pequeños dik-dik, los antílopes más pequeños. Sabía que vivían allí, pero al verlos me sorprendí tanto como si hubiera visto vacas del tamaño de liebres. Durante las visitas a otras áreas protegidas terminé viendo quizás más de doscientos dik-diks, incluso vi a dos salvarse por unos centímetros de ser comidos por un leopardo, pero eso fue en la Reserva Samburu, al final de viaje...
Luego dejé Kenia por el momento y al cruzar el pueblo fronterizo de Malaba entré en Uganda, país mucho menos visitado que Kenia. Estando en Uganda pasaría varios días sin ver un blanco y eso agregaba más interés a mi viaje. En Uganda me encontré con bellísimas selvas de altos árboles, conocí al Lago Victoria, el más extenso de África, pasaría por el nacimiento del Nilo y vería semioculto entre las nubes a los enigmáticos Montes Ruwenzori, llamados Montañas de la Luna por los antiguos mucho antes de haber sido vistos por un hombre blanco.
Continuará...

Juan Carlos Gambarotta

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